Un arte sagrado, nunca concebido como decoración
Las máscaras Emberá nunca fueron creadas como objetos decorativos.
Solo se elaboraban cuando una familia acudía al jaíbana, el chamán sanador de la comunidad.
Se le consultaba para curar enfermedades del cuerpo y del alma, aliviar los miedos, acompañar los duelos o ayudar a una persona a recuperar su equilibrio.
Durante los rituales, el chamán establecía una conexión con el mundo invisible. Guiado por los mensajes de sus espíritus protectores, utilizaba en ocasiones una máscara creada expresamente para esa ceremonia.
Cada máscara era única.
Servía para comunicarse con los espíritus, proteger a la persona y acompañarla en su proceso de sanación.
Al finalizar el ritual, la máscara se quemaba siempre. Al haber absorbido la energía de la enfermedad, nunca debía conservarse.
Por eso, hoy en día, las antiguas máscaras rituales Emberá son extremadamente escasas.
Lo que aprendí de los Emberá
Nada de esto lo aprendí en los libros.
Lo descubrí durante mis numerosos viajes a las comunidades Emberá.
Tuve el privilegio de compartir largas conversaciones con Servelina, mi amiga chamana, mientras tomábamos el café que preparaba en su choza. Ella me abrió las puertas de una forma de entender el mundo en la que las personas, los animales, los árboles, los ríos y los espíritus forman parte de un mismo universo vivo.
Aquellas conversaciones transformaron para siempre mi manera de comprender estas máscaras y el profundo significado que encierran.
Una tradición frágil
Hoy quedan cada vez menos chamanes.
Los rituales siguen existiendo, pero se practican con mayor discreción.
Las nuevas generaciones hablan cada vez menos su lengua ancestral y conocen menos las tradiciones transmitidas por sus mayores.
Como ocurre con muchos patrimonios culturales inmateriales en el mundo, parte de este conocimiento corre el riesgo de desaparecer.
Las mujeres Emberá, guardianas de este legado
Sin embargo, hay un motivo para la esperanza.
El arte de las máscaras sigue vivo.
Y no solo eso: continúa evolucionando.
Hoy son las mujeres Emberá quienes tejen a mano estas extraordinarias piezas con fibras de palma teñidas exclusivamente con pigmentos naturales obtenidos en la selva.
Aunque estas creaciones ya no se utilizan en rituales chamánicos, conservan el imaginario, los gestos y los conocimientos transmitidos de generación en generación.
Cada máscara refleja la memoria de un pueblo y el talento de la mujer que la ha creado.
Desde hace catorce años tengo el privilegio de caminar a su lado.
Viaje tras viaje, las he visto transmitir sus técnicas a sus hijas, crear nuevos diseños sin perder su identidad y mantener viva esta tradición con un inmenso orgullo.
Contribuir a preservar un patrimonio vivo
Cuando eliges una máscara Emberá, no adquieres únicamente una obra de arte textil hecha a mano.
También contribuyes a preservar un patrimonio cultural vivo, apoyas directamente a las mujeres artesanas y ayudas a transmitir un saber hacer único a las futuras generaciones.
Si esta tradición sigue existiendo hoy, es, ante todo, gracias a ellas.
Pero también gracias a todas las personas que deciden acoger una de sus creaciones en su hogar.
Por todo ello, solo puedo decir…
Gracias.
Os deseo un maravilloso verano.